5 de junio de 2010

Mi amor:

Quisiera poder poner en palabras aquel sentimiento que me embriaga cada vez que tus brazos me rodean, o cada vez que tus labios rozan los míos, cada vez que me miras y no dices nada, cada vez que me susurras algo al oído.
Me gustaría mostrarte lo grande que es este sentimiento. Pero no puedo de manera exacta. No puedo medirlo, ni pesarlo, ni cogerlo, ni verlo, pero sin embargo; puedo sentirlo.
Te quiero tanto que las estrellas no bastan para pensarte. Lo único que quiero es estar entre tus brazos, y cuando lo estoy, simplemente no deseo nada más. Desde aquí puedo ver brillar la luz del sol. Has abierto una puerta en mi horizonte, encendiendo una luz, has avivado una esperanza. Me has dado alas y me has dejado volar, pero siempre a mi lado.
No quiero que esto cambie. No sé cómo expresar esto que siento, pero simplemente me gusta sentirlo. Me encanta el cosquilleo cada vez que te miro, o simplemente las ganas de abrazarte, decirte algo sin sentido y salir corriendo.
Me fascina la manera en la que me miras, la manera en la que me entiendes.
Me fascina todo de ti. No hay nada que cambiaría, porque hasta tus defectos te quedan absolutamente genial.
No quiero un hombre ideal, un hombre perfecto, no quiero un principito azul o un muñeco de cartón; quiero un hombre en carne y hueso que cometa errores y que aprenda de ellos.
No quiero nada más; te quiero a ti.
Por ti lo doy todo, pero jamás es suficiente, no porque tú me lo pidas, sino porque no existen fronteras a la hora de quererte.

No hay comentarios: